VidaEnArmonia005

Guarda, Deposita, Atesora

Me encanta el nombre de nuestra revista “Guardián de los muertos” … guardar… es lo que hacen las funerarias nos “guardan”, cuidan a nuestros seres queridos, durante los preparativos y proceso del funeral.

Eso hacemos con los recuerdos buenos y no tan buenos de quienes amamos y ya murieron al “conectarnos con ell@s”, los almacenamos, los atesoramos en el corazón y son momentos fugaces que se vuelven solo instantes, que desearíamos fuesen eternos.

Miramos fotografías que nos llevan al pasado, momentos capturados en un clic… sobre todo las fotografías viejas, las de nuestros ancestros ¿cómo eran?, ¿cómo se vestían?, ¿a quién de ellos nos parecemos?. Consiente o inconscientemente las acariciamos para sentirlos cerca sin poder evitar que escurra una lágrima o muchas, que no necesariamente tienen que ser de dolor o pesadumbre, más bien pueden ser de añoranza, de gratitud. Nos despiertan la curiosidad de saber más de ellos, de su vida y de su muerte, ¿cómo murió?, ¿cuándo murió?, ¿cómo fue su funeral?. Fotografías color sepia, algunas “cuarteadas” o borrosas debido al tiempo. Ahí está su biografía, nuestra propia biografía. Un recurso que nos ayuda a contactar con nuestras emociones, nuestra memoria emocional, dándoles un significado.

Al hacer ese recorrido también nos damos cuenta cómo han ido cambiando los rituales funerarios.

Mirar nuestras propias fotografías para darnos cuenta cómo ha pasado el tiempo y cómo hemos ido cambiando, tanto físicamente como emocionalmente. No nos gusta pensar, que el tiempo poco a poco se va pasando y nos va acercando al día principal de nuestra agenda personal, el día de nuestra muerte.

Generalmente las mujeres de la familia se encargaban o se encargan de formar esos álbumes, incluso por etapas… haciendo usa selección cuidadosa de cuales fotografías valía la pena guardar. Huimos al dolor y a la tristeza, por eso los álbumes están siempre llenos de momentos de fiesta, de celebración. Incluso las fotografías enmarcadas, ocupan un lugar especial en nuestra casa, para mirarlas constantemente, o guardadarla  en nuestra cartera para recordar y sentirnos cerca.

Se puede llevar a cabo esta actividad sola (o), en silencio o en compañía, recordando o escuchando las historias de cada una de las fotos, las diferentes interpretaciones de un mismo evento, y poco a poco hilar la historia…

Escribir, si no un libro, tal vez un diario, en el cual escribir lo que para nosotros tiene significado para nosotros y dejarlo a las siguientes generaciones. Éste acto no llena el vacío que dejan nuestros muertos, pero si es “una sobadita a nuestro corazón”.

Antiguamente (me parece que inicia en la época del Renacimiento) se acostumbraba fotografiar el cadáver en posiciones o posturas en la que pareciera que estaba vivo, y hacían un álbum o enmarcaban la foto como constancia legal de la muerte de una persona. Para algunos resulta macabro, morboso y para otros nos resulta interesante saber cómo se llevaban a cabo esos ritos funerarios.

Por otro lado, no se trata de atesorar bienes materiales, que con el tiempo se vuelve basura, porque al final nada nos llevaremos, más bien es atesorar historias que nos ayuden a construir y reconstruir nuestra semblanza, la historia de nuestra vida y del paso por este mundo.

Recordar: Re-cordis, volver a pasar por el corazón… guardemos en el corazón lo que nos conecta con la vida, la vida de los que amo y de mi propia vida. GM