Mundo Funerario004

El Mayor Problema de México

Estaba escuchando algunos analistas políticos comentar acerca de cómo las campañas de los candidatos no han atacado frontalmente y con estrategias claras, dos asuntos prioritarios de hoy día: seguridad y crecimiento económico. Me hicieron pensar si estos son problemas o son síntomas. Muchos nos vamos con la finta y no vemos que hay atrás de esta grave situación de violencia y de poco desarrollo económico. Las verdaderas razones, según mi opinión, son la corrupción y la impunidad.

Esto lo meditaba después de que recibí un correo muy interesante que plantea un escenario hipotético donde se terminan estos cánceres sociales en México. Primero se atrapan a todos los narcotraficantes y sus colaboradores. De ahí empieza el problema, porque ahí cayeron gobernadores, presidentes municipales, jueces, jefes de policía, militares, banqueros, agentes de aduanas, transportistas, comunicadores, artistas y hasta gente del clero. Sin embargo, eso puso en un caos a toda la población.

Se mejoró la seguridad en la vía pública, se detuvo a los conductores y se confiscaron los vehículos por no traer placas, licencia o tarjeta de circulación; traer vidrios polarizados, conducir con alcohol en sangre, en sentido contrario o con exceso de velocidad, estacionarse en lugares prohibidos, traer gente en las bateas de las camionetas, violar leyes ambientales o llevar niños sentados en las piernas del conductor. Desde ese día desaparecieron el 80% de las motocicletas, el 90% de los taxis, el 95% de las “combis” y autobuses urbanos, el 50% de los vehículos de uso particular. Tuvimos que crear grandes retenes para esos vehículos y contratar miles de personas para los trámites. Las calles empezaron a estar desiertas de vehículos pero llenas de gente sin poder trasladarse.

Se estableció la cero tolerancia. Así habría que detener o multar a los ciudadanos que evadían impuestos, a los que se robaban la energía eléctrica, a los que recibían ayuda del gobierno sin tener derecho, que tenían trabajos fantasmas (aviadores), que se robaban cosas del centro de trabajo, que simulaban enfermedad o lesiones para cobrar ayudas, que vendían o compraban calificaciones en las escuelas, a los que vendían o compraron títulos universitarios, a los que tiran basura en áreas verdes, a los que contaminan el aire, los ríos, lagunas y mares; también a los que pagaron cohechos (mordida) por trámites y a los que los recibieron; a los que compran cosas robadas como gasolina, llantas, radios, refacciones de auto y ropa; detuvimos a los policías con antecedentes penales o positivos al dopaje; a los periodistas que sobornan o extorsionan a los funcionarios y ciudadanos; a los líderes sindicales que cobran cuotas para sus bolsillos, y a esos marchistas profesionales que se rentan para desquiciar y chantajear por causas particulares; y varios casos más.

Nadie calculó lo que iba a pasar. Se llenaron las cárceles, y con la agilidad del sistema jurídico mexicano, se necesitó tener encerrados mucho tiempo y alimentar a varios millones de mexicanos. Las calles quedaron desiertas. Dejaron de funcionar la mayoría de las empresas e instituciones importantes, en una palabra, se paralizó México. La grave conclusión es que nuestro país funciona gracias al sistema del que sus ciudadanos se quejan.

Por eso es que creo que esta es la enfermedad, y mientras no la ataquemos habrá secuelas como la violencia y la impunidad; y por lo mismo creo que es un tema que debe figurar como prioritario en las agendas de los candidatos. Pero no solo bastan buenas intenciones, ni tampoco ridículas declaraciones donde digan que van a terminar con la corrupción en 6 meses como si se tratara de una vacuna que van a darle a todos, no quiero ser duro ni pesimista, pero el cambiar las estructuras que mueven al poder, la economía y todo el tejido social es un proyecto a largo plazo; claro que se pueden hacer acciones inmediatas, pero hay que ser realistas, y sin embargo aun cuando la solución no es en corto plazo, deberemos empezar ya, hoy mismo, en cada una de nuestras trincheras, para que en algún momento rompamos esta maraña que es el verdadero cáncer de México.

Recuerdo esa magnífica campaña donde se veía un bebe y decía el anuncio “él no sabe de mordidas ni de corrupción”. Ciertamente creo que es una responsabilidad de todos, y que debemos empezar con nosotros, en nuestras casas, nuestros trabajos, y usar a los principios y valores como el remedio para atacar de tajo y de forma definitiva esta enfermedad. GM